Oye
Oye con serenidad siempre que seas convocado para ello.
Permite que el otro concluya su pensamiento, sin anticipar conclusiones, que por lo general son incorrectas. No todos saben expresarse con rapidez y claridad. Escucha, por tanto, con buena disposición y pasa por alto el empleo de palabras indebidas, de tal forma que busques entender lo que él te desea exponer.
Si te esclarece y enseña, absorbe la lección. Si te acusa, busca la raíz del mal y extírpala. El diálogo debe siempre transcurrir sin mal humor, dejando un saldo positivo. Si acusas a alguien, disminuye la intensidad de la reprimenda con expresiones de consuelo hacia el ofendido.
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